Subcontratas

Cómo comparar ofertas de subcontratas sin equivocarte (guía práctica)

10 min de lectura · Julio 2026 · Por el equipo de BuildGets

La contratación de subcontratas es donde se decide el margen de una obra. Puedes tener un presupuesto impecable y perder dinero igualmente si adjudicas mal: la oferta más barata sobre el papel es, con frecuencia, la más cara al terminar. En esta guía explicamos cómo comparar ofertas de forma que la decisión sea técnica y no una lotería.

El error de partida: comparar totales

La escena habitual es esta: llegan tres ofertas para la estructura, una por 118.000 €, otra por 126.000 € y otra por 131.000 €, y se adjudica la primera. El problema es que esos tres números casi nunca miden lo mismo. Uno incluye el bombeo del hormigón y los otros no; otro deja fuera los medios auxiliares; el tercero ha medido 4.200 m² donde el proyecto dice 4.600.

Comparar totales solo funciona cuando las tres ofertas cubren exactamente el mismo alcance con las mismas mediciones. Y eso, salvo que lo fuerces tú, no ocurre casi nunca.

Paso 1: homogeneizar antes de pedir

La comparación empieza mucho antes de recibir las ofertas: al pedirlas. Lo que envías a los subcontratistas determina si vas a poder compararlos.

En la práctica: si mandas un PDF del proyecto y esperas ofertas comparables, estás delegando la medición en el subcontratista. Manda tú las mediciones y pide que las revisen, no que las inventen.

Paso 2: comparar partida a partida

Con las ofertas encima de la mesa, la comparación útil es una tabla donde cada fila es una partida y cada columna un ofertante. Eso permite ver tres cosas que el total esconde:

Ejemplo de comparativo

PartidaMediciónOfertante AOfertante BOfertante C
Hormigón HA-25 en muros340 m³92,40 €96,10 €98,00 €
Acero B500S ferralla28.500 kg1,42 €1,29 €1,35 €
Encofrado a dos caras1.850 m²31,80 €33,20 €29,90 €
Bombeo de hormigón340 m³— (excluido)6,80 €7,20 €

Aquí se ve el efecto: A parecía el más barato, pero excluye el bombeo. Al incorporarlo a precio de mercado, su ventaja se reduce o desaparece. Y el mejor precio de cada partida está repartido entre los tres, lo que abre la puerta a negociar con datos concretos: «tu hormigón está bien, tu ferralla está 10 % por encima del mejor precio que tengo».

Paso 3: mirar lo que no es precio

Con el comparativo económico resuelto, quedan los factores que deciden si esa oferta se sostiene en obra:

Ofertas anormalmente bajas: cuándo desconfiar

En contratación pública existe un mecanismo formal para esto: la oferta anormalmente baja (lo que coloquialmente se llama baja temeraria), con umbrales calculados según el artículo 85 del RGLCAP o los criterios que fije el pliego. Si una oferta cae por debajo del umbral, no se rechaza automáticamente: se le pide justificación y debe acreditar que puede ejecutar a ese precio.

En contratación privada no hay obligación de aplicar nada de eso, pero la lógica es la misma y conviene adoptarla: cuando una oferta está muy por debajo del resto, pide que la justifique antes de adjudicar. Las bajas que no se sostienen acaban en una de tres formas, todas malas para ti: reclamaciones de extras durante la ejecución, calidad por debajo de lo exigido, o abandono de la obra a medio hacer.

Señal práctica: calcula la media de las ofertas y mira las que estén más de un 20-25 % por debajo. No las descartes: pídeles el desglose del precio unitario y comprueba que los rendimientos y los costes de mano de obra son realistas.

Paso 4: dejar el comparativo por escrito

Una vez adjudicado, el comparativo no se tira. Sirve para tres cosas durante toda la obra:

  1. Justificar la decisión ante la propiedad o ante tu propia dirección, con criterio documentado y no «me fío de este».
  2. Valorar los cambios. Cuando cambia una medición o aparece una unidad nueva, ya tienes el precio unitario contratado y los precios de referencia de los otros ofertantes.
  3. Alimentar el control de costes. El importe adjudicado a cada subcontrata es el coste comprometido de esa obra, y es la mitad de la ecuación del margen. La otra mitad es lo que le has vendido al cliente.

Ese último punto es el que cierra el círculo. De poco sirve haber negociado bien si después nadie contrasta el coste comprometido con la venta contratada y con lo que se va certificando cada mes. En BuildGets STUDIO el comparativo de ofertas y el control de costes de la obra viven en el mismo sitio: adjudicas con el comparativo y ese importe pasa automáticamente a ser el coste de la obra que se contrasta con tu margen.

Compara ofertas y controla el margen

Sube las ofertas que te mandan en PDF, compáralas partida a partida y mira el efecto en el margen de la obra.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántas ofertas conviene pedir por oficio?

Tres es el mínimo razonable para tener referencia de mercado; cinco es cómodo cuando el importe es alto o el oficio es crítico. Menos de tres deja sin contraste el precio; muchas más suele significar perder tiempo comparando ofertas de empresas que no vas a contratar.

¿Se puede comparar si cada uno manda su propio formato?

Se puede, pero cuesta mucho más y es donde se cuelan los errores. Si envías el listado de partidas en BC3 o Excel y pides que respondan sobre ese mismo listado, la comparación es directa. Si te llegan PDFs con estructuras distintas, hay que volcarlos a una tabla común antes de comparar.

¿Qué hago si la oferta más barata excluye conceptos?

Valóralos aparte y súmalos a su oferta antes de comparar. Solo así el número es homogéneo. Si el subcontratista no quiere incluirlos, ese coste lo vas a asumir tú, y forma parte del precio real de esa oferta.

¿Es legal exigir precios unitarios desglosados?

Sí, y es lo habitual en contratación profesional. El precio unitario es necesario para certificar la obra ejecutada y para valorar cualquier modificación de medición durante la ejecución. Una oferta a tanto alzado sin unitarios complica ambas cosas.

¿Qué es una baja temeraria?

Es el término coloquial para la oferta anormalmente baja: aquella que queda por debajo de un umbral estadístico calculado sobre el conjunto de ofertas presentadas. En contratación pública obliga a pedir justificación al licitador antes de adjudicar o excluir; en privada no es obligatorio, pero es una buena práctica aplicar el mismo criterio.